viernes, 20 de noviembre de 2009

Canta y Camina entrevista a Cicera, madre social del Hogar Santa Mónica


Cícera Ferreira da Silva participa en el proyecto Hogar Santa Mónica casi desde sus inicios. Buena conocedora de la vida de las familias más pobres, aporta una experiencia que incide directamente en la calidad y eficiencia del rescate de niñas en riesgo de explotación sexual comercial en Fortaleza.









En el Hogar Santa Mónica intento servir a Dios mediante la acogida y el incentivo para que las niñas se sientan hijas de Dios. Les ayudo a respetarse y amarse a sí mismas, para que después sepan cómo amar a los otros. Les ayudo a soñar y a que crean en sí mismas desde la esperanza y la fe, desde la confianza en Dios.
Conozco a los Recoletos desde hace ocho años. Estaba involucrada en el área pastoral de la Barra de Ceará y los veía en las celebraciones, retiros, reuniones. Escogí a uno de ellos como director espiritual. De ahí surgió una auténtica amistad, porque me siento acogida tal como soy; me han dado atención, respeto y valor. En aquel tiempo yo reunía a un grupo de adolescentes a los que incentivé en el aprendizaje del violín. Con otro grupo hacía juegos para que aprendiesen a relacionarse con afecto, y visitaba a sus familias.

Cuando se conoce de cerca la realidad de la Barra de Ceará se tiene conciencia del abandono, el hambre, la violencia y la prostitución. Los Agustinos Recoletos comenzaron a trabajar en ese ambiente, y me encantó su espiritualidad. Ellos me invitaron a participar de su proyecto y acepté con gusto. Como es un proyecto dirigido a niñas con grandes heridas, creo que, como mujer, puedo ayudarlas todavía más. Mi presencia en el proyecto ofrece garantía de que alguien las comprende: yo misma he experimentado antes ese dolor.

Para los religiosos, ciertas situaciones presentan una dificultad especial. Las niñas que sufrieron explotación sexual no dejan de verles como hombres, lo que les provoca recuerdos dolorosos. Los frailes les pueden ayudar cautivándoles con sus valores, conquistando su confianza, siendo referente de espiritualidad. La presencia de los religiosos hace que muchos sueñen con una vida digna.

Los religiosos deben estar seguros y ser conscientes de su compromiso con Dios y con el Pueblo de Dios, deben transmitir confianza, amor, acogida y comunión. Eso crea una gran responsabilidad y es necesario que caminen junto a laicos amigos. Los laicos también deben transmitirles confianza, cariño, respeto y acogida; convertirse en amigos de los religiosos para decirles la verdad en el momento oportuno, para ayudarles cuando fallen, puesto que un religioso es un ser humano. Siempre hay cosas que mejorar. Yo misma les pediría que dedicasen más tiempo a este proyecto de importancia tan grande para esta ciudad y esas niñas.

Creo que hay laicos muy entregados. El peligro para ellos es querer abarcarlo todo o creerse autosuficientes. El principal obstáculo está en los grupúsculos aislados que no trabajan en comunión sino con egoísmo, desunión y falta de cariño. Dan valor únicamente a lo que su grupo hace, no vuelven su mirada hacia la grandiosidad del hermano.

La unidad fraterna es un regalo en medio de nuestra humanidad. Y los religiosos pueden dar un testimonio brillante en ese campo.

jueves, 19 de noviembre de 2009

Pedro Mª Izura: primeras impresiones en Fortaleza

Hace un mes que fray Pedro Mª Izura llegó desde España a Fortaleza. A sus 64 años se encuentra ahora ante nuevos retos y nuevas experiencias: aprender una nueva lengua, adaptarse a la cultura brasileña, insertarse en el mundo de los pobres... Ha querido compartir, de modo directo y espontáneo, sus primeras impresiones en Fortaleza.




¡Ya estoy en Fortaleza! Me costó aceptar este nuevo rumbo en mi vida; tanto así que me pregunté a mí mismo y pregunté a quien me mandaba: ¿es una broma o va en serio?
En serio ha sido. Aquí vine sin más juicios, sueños o prejuicios que conocer a la comunidad que vivía en este barrio de Ceará y haber estado trabajando en Chiclana junto con el grupo misional parroquial por el proyecto Lar Santa Mónica, un centro de acogida para niñas de 7 a 17 años victimas de abuso y explotación sexual. A veces incluso abusadas por sus mismos padres, o que viven en ”la calle” o que no tienen ninguna familia.
Cuando estaba en la Parroquia de San Sebastián de Chiclana, procurábamos sacar algún dinerillo para ayudar a esta causa caritativa, humana y social. Inventábamos la fiesta del “traje”, el “mercadillo”, el “desayuno misionero”, la “tapa misionera”. Vendíamos los collares, las muñequitas que nos enviaban de Fortaleza (Brasil) hechas con todo el cariño por madres jóvenes que viven en este barrio de Ceará. Después de realizar alguna de estas actividades, contábamos todas nuestras experiencias y también el “dinerillo” que habíamos obtenido gracias a la generosidad de muchas personas de la parroquia y fuera de ella: "Ya hemos conseguido…", "yo tengo un socio o socia más"; "se ha apuntado con un euro al mes"; "he apuntado a una amigo/a con dos euros al mes"; "yo tengo unos amigos que me aportan el dinero de todo el año: doce euros"; "he hecho una rifa de unos pañuelos y unos pendientes y he sacado 70 euros"; "las catequistas me han dado un dinero que han conseguido de cuantos han ido de excursión"; "ya tenemos 4.000 euros que hemos enviado a la cuenta de Agustinos Recoletos de San Nicolás de Tolentino. ¡Que bien!"

Como decimos, ¡qué bonitos e entusiasmantes se ven los toros desde la barrera! Yo quiero ser misionero de “agua dulce”, me decía yo. Y mira por dónde me envían a Fortaleza... ¿de excursión? ¿de año sabático? ¿a dónde vas tú con la edad que tienes?
Pues mirando al cielo y pensando en las personas ¡aquí estoy!
Por ahora, mi vida aquí es muy sencilla. He pasado de ser “profesor” y “párroco” a ser alumno y observador. Ahora me doy cuenta de que yo no puedo salvar el mundo, pero sí ser un granito de arena para construir este sueño del “Lar Santa Mónica”... simplemente estando aquí.
La primera de las casas del Hogar Santa Mónica es una monada. Es muy sencilla, pero nueva... parece casa de muñecas. Ahora nos toca aportar todos nuestro granito de arena para ayudar a estas niñas a crecer por dentro y por fuera. Por el momento sólo son 4. Tres son hermanas. Tienen 8, 10 y 12 años. La cuarta, tiene 15. Estamos esperando autorización del juzgado para que puedan venir más. ¡Hay tantas que necesitan!
Hace unos días, José García Corcuera, Alberto Moreno y un servidor estuvimos visitando algunas personas del barrio y que viven en favelas. Es increíble. Los más privilegiados, tienen casa, pero como si fuera un corralito. No les hables de camas, de colchones, de puertas. Las paredes son de ladrillo, pero sin pintar, sin poner el suelo. Las sillas mejores y más seguras, el suelo o algún taburete de fabricación casera. Se ve que, como hace mucho calor, pasan el día en la calle. Los niños y niñas descalcitos por esas calles de arena y tierra. Los padres escuchando música o viendo la televisión porque ya han ido a trabajar por la mañana, -si es que ha habido suerte-. Trabajar es recoger papeles, cartones. Otras veces, vender algo del pescado que han cogido, ir con un carrito con bebidas, caramelos, alimentos que nada más verlos miras para otro lado.
Lo que considero ahora muy diferente y que me ha llamado poderosamente la atención es la inseguridad, el “miedo” que tienen las personas, y nosotros mismos, a salir solos a la calle. No puedes salir a dar un paseo y menos llevando reloj, bolso o máquina fotográfica a la vista.
Pero no os vayáis a pensar que todo es miseria. El otro día visité el centro de la ciudad con mi profesora de portugués y otra señora de la Fraternidad Agustino Recoleta. Decidimos dar un paseo turístico caminando, pues yo no conocía la ciudad. Hasta ese día solamente había pasado por algunos lugares, pero en coche y con otro frailes. Cogimos una “topiqui”, un mini autobús público. No penséis en los autobuses de Madrid, ni tampoco en los “Canarios” de Chiclana. Imaginaos un minibús con todas ventanas pequeñas y abiertas para que el aire pueda correr por todos sitios. Agarraos bien a un asiento o a la barra. ¡Qué frenazos! Ni con frenos hidráulicos. "Sujétese, Frei Pedro". Yo creía estar sujeto, pero el microbus echó a andar y allí que me voy para atrás. Menos mal que al señor que pisé no dijo nada. Ahora que yo fui un tanto cortés. Había aprendido en una de las clases a pedir perdón y lo hice instintivamente. El señor me miró y se sonrió. Yo ya me quedé más tranquilo. Las que iban conmigo no hacían más que reírse.
Ya en el centro de la ciudad, mis guías pasaban todo el tiempo diciéndome "frei, cuidado, un buraco" (un agujero). Fortaleza es una ciudad mal cuidada, sucia y llena de problemas urbanísticos. Visitamos algunas iglesias (la Catedral, N.S. del Carmen...), un hospital público... ¡qué horror! gente durmiendo por los pasillos, accidentados de todo tipo... Volver a casa fue toda una proeza, y es que coger un autobús en hora punta es casi un milagro; tan abarrotados están que ni paran a recoger más viajeros.

Estas son algunas anécdotas de Fortaleza Ya os contaré más en otra ocasión, pues en un mes he vivido lo que no pensaba experimentar en España.


FOTOS: 1. Pedro, Alberto, Graziene e moradoras del LSM
2. Pedro en el Lar Santa Mónica
3. Grupo de ayuda a Fortaleza de Chiclana
4. Pedro aplicado con el estudio del portugués
5. LSM: grupo de jóvenes
6. José y Pedro en el LSM
7. Recogiendo reciclaje en la puerta del seminario
8. Catedral de Fortaleza

sábado, 14 de noviembre de 2009

El Lar Santa Mónica en la TV Ceará



















La TV del Estado de Ceará entrevistó a fray José Alberto, con motivo de la creación del Lar Santa Mónica.


La entrevista fue emitida en el programa "Jovens em foco", que está dirigido al público juvenil con el fin de informar sobre temáticas de actualidad cultural, cívica y social de la ciudad de Fortaleza.







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