martes, 25 de noviembre de 2008

Las muñecas de la tía Francisca


La tía Francisca es una mujer cariñosa y alegre. Madre soltera, llegó del interior del Estado a Fortaleza hace ya muchos años y se estableció en nuestro barrio de la Barra do Ceará.Aquí trabajó en una gran fábrica de textiles -Guararapi- que todavía hoy tiene empleadas más de 5.000 costureras.
Un mal día sufrió un serio accidente, cortándose con unas tijeras y quedando imposibilitada para trabajar "a ritmo de fábrica". Así que, sin más, fue despedida del trabajo... ¡ni indenización ni nada!
Las calamidades se sucedieron cuando al poco tiempo un coche la atropelló y, debido a su estado avanzado de artrosis, quedó paralizada por mucho tiempo. Durante estos últimos años ha vivido de los cosidos que hace en casa: dobladillos, faldas, alfombrillas, colchas, muñecas... y vendiendo los huevos que producen una docena de gallinas que tiene en la parte de atras de la casa... y vendiendo caramelos y dulces para los chiquillos... ¡todo sirve para salir adelante!

Su hijo Denis vivía con ella y ayudaba también con su trabajo. Claro que, no mucho. Como les sucede a muchos de los jóvenes por aquí, Denis tenía una "compañera" con la que convivía a veces, porque otras temporadas las pasaba en casa de tía Francisca. Así que el escaso salario tenía que repartirse entre la madre, la compañera y sus vicios.
Podéis imaginaros que no sobra el dinero en casa de tía Francisca.
Aún así, la generosidad de la gente humilde no tiene límites. La tía Francisca acoge desde hace años a un sobrino mozo, propenso al alcoholismo y con epilepsia.
Otro ejemplo de su generosidad fue cuando tía Cicera llegó a Fortaleza, sin casa donde quedarse, ella la acogió como una madre, el tiempo que Cícera necesitó para encontrar un trabajo y buscarse una casa de alquiler.
Hace unos meses, la tragedia golpeó nuevamente la vida de tía Francisca. Denis, su único hijo, de 25 años, llevaba días intranquilo... ¿tal vez andaba metido en algún asunto de drogas? No es infrecuente viviendo en el pleno centro del tráfico de drogas del barrio. ¿Serían tal vez problemas con su compañera?...
Tía Francisca me llamó por teléfono llorando: "¡Fray, Denis se ha suicidado, tomó veneno. Venga enseguida!"
Denis dejó uma carta escrita explicando que el motivo eran las deudas que no conseguía pagar más. El sufrimiento fue grande para una madre que ve morir de este modo a su hijo. A pesar de todo, las lágrimas tuvieron que transformarse inmediatamente en coraje porque la Seguridad Social no quería pagar el dinero que por derecho le correspondía a la madre.
Así que tía Francisca comenzó un viacrucis de abogados y oficinas -que todavía hoy dura- para reclamar lo que por derecho le pertenece como heredera de su hijo.
La tía Francisca tiene ahora 62 años. Le faltan todavía 3 años para jubilarse y recibir la pensión mínima. Mientras esta llega, para ganarse la vida, sigue cosiendo en su casa, siempre que la artrosis se lo permite. Nadie lo diría, a juzgar por la paciencia que tiene cosiendo las muñequitas que hace con retalitos de colores.

En muchos lugares conocen ya esas muñequitas: Getafe, Madrid, Chiclana, Arnedo... Nuestro objetivo es seguir ayudando a tía Francisca y a otras mujeres sufridas que como ella quieren ganarse la vida con su trabajo y no mendigando.
Las muñequitas-llaveros sólo cuestan 2 Euros. Si deseas contribuir solo tienes que indicarnos tu email o teléfono y entraremos en contacto contigo.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola Alberto:
Que gran ejemplo de vida, y que testimonio evangélico el de esta mujer, me recuerda al evangelio del domingo pasado, en el que Jesús decía a sus discípulos; tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme.
Esta mujer es el vivo retrato de la GENEROSIDAD con mayúsculas.
Desde ahora sus muñequitas nos parecerán mucho más bonitas.
Un abrazo
Manolo + Rosi

Misión de Fortaleza dijo...

Queridos Manolo y Rosi!
los pobres nos evangelizan... con su paciencia, su lucha de cada día por salir adelante, su solidaridad con los que sufren como ellos, y con su fe en nuestro Padre Dios que cada día les abre los ojos a un nuevo día. ¡Y nosotros en Europa nos quejamos!
Abrazos.
Alberto