jueves, 12 de febrero de 2009

Música para crecer



Por todos es bien conocido el valor educativo que tiene la música. Por eso, desde el principio de nuestro trabajo en Fortaleza, aprovechamos el tirón de la música para entrar dentro del mundo de los jóvenes y ayudarles a crecer humana e espiritualmente.
Hace un año y medio animamos a un grupo de adolescentes carentes, de 13 a 16 años, para que aprendieran algún instrumento, y conseguimos que fueran admitidos en el Conservatorio de música del SESI (Servicio Social de Industria); algo así como una Fundación de carácter social creada por empresarios para el desarrollo de la cultura e la investigación. Nuestros siete muchachos entraron en la parte de cuerdas, inscribiéndose en un primer momento en violín. Recientemente algunos ya han pasado a violas o violonchelos. Conseguimos violines con ayuda de algunos amigos de España y nos pusimos manos a la obra.
El director del Conservatorio, un brasileño de padres rusos, Mtro.
Vasqueim Fermanian, nos ha ayudado este año a conseguir una bolsa de estudio para que nuestros 9 alumnos no paguen la mensualidad en el Conservatorio. Todos ellos provienen de familias muy humildes, desestructuradas… en ocasiones tenemos que insistir más a los padres de la importancia de animar a sus hijos en el estudio y dedicación de la música que a los mismos jóvenes. En algunos casos la familia está desestructurada o no existe… con lo cual el acompañamiento que tenemos que hacer es todavía mayor…

Las clases de instrumento son completadas el sábado por la mañana en el seminario San Agustín por dos horas de teoría e historia de la música y solfeo. Materias que, sorprendentemene, el Conservatorio no ofrece a sus alumnos en los primeros cursos. Nuestros muchachos/as han progresado tanto en el año y medio de clases que ya son conocidos en el Conservatorio por los profesores como “los alumnos del frei” y varios de ellos ya pertenecen a la Orquesta Joven.
No sólo dedicamos tiempo a la música, también han recibido algunas formaciones a nivel de grupo, reuniones para hablar de las cosas que les inquietan, y lo que más les gusta: ¡días de playa! Desaríamos podernos dedicar mucho más a estos y otros jóvenes, pero por el momento las fuerzas son limitadas.
La experiencia está valiendo la pena y quién sabe si algún día veamos a alguno de estos jóvenes de clase pobre, interpretando música en alguna famosa orquesta. Al menos, la semilla está siendo colocada.

1 comentario:

Héctor dijo...

Sólo los que amamos la música (aunque sé que en el fondo somos todos) sabemos qué significa aquello de que la música sale del fondo del alma, para transmitir la vida que llevamos dentro, es nuestra euforia, y nuestro llanto de emoción o de pena y dolor. Por eso entiendo lo que estos niñ@s llevan dentro, y hay que dejar fluir. Ánimo frei!! Sabes que en el fondo envidio profunda y sanamente todo lo que haces.

Un abrazo